SINDICATO UNIDO DE TRABAJADORES Y EMPLEADOS DE PAMI
INSCRIPCIÓN GREMIAL N°659/13
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LO ESENCIAL ES INVISIBLE AL AJUSTE

8/2/2019

 

Barreras de accesibilidad y despersonalización de la atención en PAMI en la era CAMBIEMOS.

 

La Resolución N° 229/DE/19 que ordena el cierre de ocho Centros de Atención Personalizada y dos Bocas de Atención en distintos lugares del país, para “alcanzar la eficacia y eficiencia de accesibilidad a las prestaciones y las necesidades y expectativas de los afiliados” indigna pero no sorprende. Desde el rumor de los pasillos de las delegaciones locales de PAMI a la publicidad del acto, la peor pesadilla para trabajadorxs y jubiladxs resultó ser –una vez más- una profecía autocumplida.

 

El cierre de estos puntos de atención en zonas alejadas, inaccesibles o de baja densidad poblacional, va de la mano de la política de despersonalización de la atención y recorte de prestaciones que viene llevando a cabo la actual gestión del PAMI. A contramano del modelo basado en una atención personalizada y de impronta socio-comunitaria que supo imperar hasta diciembre de 2015, la nueva era eficientista avanza sobre los cuerpos de las personas mayores con firmeza y sin piedad.

 

 

Una de las cosas que supo caracterizar a PAMI, además de ser una Obra Social única en su tipo en Latinoamérica, de sus millones de afiliados y de contar con uno de los presupuestos más grandes del país, era su capacidad de entender el proceso de salud-enfermedad desde una mirada integral, superadora del mero ofrecimiento de un menú de prestaciones médicas básicas como el resto de las Obras Sociales del Sistema. Así, PAMI puede y debe por ley, atender las demandas de salud de sus afiliados, a través de una batería de prestaciones médicas y sociales. 
Esta particularidad, hace que los trabajadores de PAMI debamos poner especial atención a diversos aspectos de las personas que tenemos enfrente al momento del contacto ya sea en un mostrador, en un Centro de Jubilados, en el barrio o en un su casa. ¿Qué vemos los trabajadores cuando vemos a lxs jubiladxs, pensionadxs, ex-Combatientes de Malvinas y sus familiares? ¿Vemos sólo una prescripción médica? ¿Acaso nos limitamos a un papel que enseña un otro sin rostro y sin marcas?. Rotundamente no.

 

Somos lxs trabajadores quienes podemos ver en cada punto de atención, en cada contacto con ese “otro”, una persona que porta un cuerpo cargado de historia, un andar, un rostro y una palabra que nos convoca a un hacer: una sonrisa desdentada en un Centro de Jubilados, un relato confuso al momento de autorizar una orden, un ojo morado por alguna caída en la calle (¿o tal vez el maltrato silenciado por parte de un hijo?). Somos los ojos de una institución que llega a ser real, en la efectiva transformación de las condiciones de vida de las personas que se acercan o a las que nos acercamos. PAMI es un techo que saca del frío de la calle, un medicamento para la presión o la primera vez en sus 80 años que ese “otro” se metió a una pileta o pudo conocer el mar. Trabajar en PAMI es intentar hacer más vivible una vida de años de exclusión para muchos, tratar de acompañar en la enfermedad, prevenirla todo lo posible, celebrar la vida y acompañar hasta la muerte. Todo eso, sí, todo eso y más, es - o era- el PAMI.

Las recientes medidas anunciadas como logros de gestión como la Credencial electrónica y la centralización de los Centros de Atención, se anudan en una lógica despersonalizante y a la vez, imprimen bajo el eufemismo de la modernización, una nueva mirada sobre lxs afiliadxs de PAMI. Bajo la fría lógica de escritorios de la Ciudad de Buenos Aires, Call Centers y números sin caras, se decide en pos de una “racionalización” de los recursos institucionales.

 

Lxs trabajadorxs pensamos y vivimos el PAMI valorando otro tipo de recursos: las vidas de cada vieja y viejo de nuestras comunidades. Nuestra lógica es la de la Agencia que queda en el barrio, a la que se puede llegar caminando o arrimado por algún vecino o familiar. Sabemos que con la edad y el proceso de fragilización es difícil movilizarse, que a veces las redes no están tan presentes como quisiéramos al envejecer, que hay familias que abandonan, que a veces los vecinos y lxs trabajadores de PAMI son los únicos vínculos con el mundo que tiene un afiliado. Transitamos los Centros de Jubilados. los que vemos como núcleos de vida no sólo recreativa sino también institucional. Esa riqueza del entramado social tiende a desaparecer bajo palabras como “eficacia y eficiencia”. Nos preguntamos eficacia y eficiencia ¿para quienes?.

 

Las voces de los territorios saben, porque entienden, miran, escuchan y abrazan la historia de PAMI y de cada viejo que también:

- De Pami Quequén a Pami Necochea hay 3 km, una persona joven podría hacerlos a pie, el tema es que en el medio hay un puente, no hay medios de transporte suficientes para realizar ese tránsito. Los jubilados deben utilizar remises de altos valores en relación a los haberes. Otro tema a considerar es el circuito de las autorizaciones de Pami. Hay trámites que llevan un rato y otros horas de espera. En los trámites vía de excepción, algunos son autorizados en Nivel Central y a veces reclaman algún estudio o documentación adicional, eso implica que hay que ir a PAMI dos o tres veces, hay que tener dinero para ir y venir de Quequén a Necochea…

- La agencia de Dolavon está rodeada de una zona rural y de chacras. A muchos afiliados que viven en esa zona, ya les costaba llegar a Dolavon...Hay colectivos que tienen poca frecuencia, sale uno a la mañana y vuelve a la tardecita…si no tienen vehículo es una complicación, a veces no es posible que hagan las gestiones de las prestaciones en el día…A su vez Dolavon recibía la demanda de 28 de Julio a 12 km adentro, del Dique Florentino Ameghino, de Las Plumas, Los Altares, Paso de Indios, que quedan en la meseta Central. Eso es un recorte en las prestaciones, lisa y llanamente….

- Es absurdo pensar que va a mejorar la accesibilidad con el cierre de la agencia Santa Lucía y el traslado a San Pedro, pagar $ 50 el colectivo, ir y volver, a veces acompañado. Son horas y hay dificultad para el traslado. El PAMI no paga alquiler en la Agencia Santa Lucía, ya que funciona de prestado en un Centro de Jubilados, solo paga la luz y el gas. El pretexto sobre el ahorro es absurdo. En vez de cerrar la Agencia Santa Lucía, lo que los trabajadores y jubilados reclamaron siempre fue que haya otra oficina en Gobernador Castro y Río Tala que no las hay.

 

 

La apertura de Centros de Atención Personalizada y Bocas de Atención que caracterizó un período de descentralización administrativa de Pami y ampliación de derechos, parece haber llegado definitivamente a su fin.
Esta nueva etapa con sus medidas, muy a tono con las políticas de ajuste de los organismos internacionales, hace casi imposible el acceso al derecho a la salud a miles de personas mayores de nuestro país. Las autoridades se ufanan de las cuentas “equilibradas” y del déficit cero. De nuevo preguntamos: ¿Déficit cero? ¿Para quién?

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